mientras esperaban, lo pensó. al cruzar la línea que dejaba ver lo oscuro de siete pisos en vertical, lo pensó. él tambien lo había hecho.
en bajada y ella aprieta por primera vez el botón de stop, en el elevedor, despúes de nada pensarlo -a diferencia de otras veces, que sólo se quedaba en intento-
después, dos miradas, cuatro manos bajando dos pantalones. escasez de palabras. un extrañar latente.
al sentirse penetrada, su dedos en otro botón, pedían, sin saberlo, una escala en el quinto piso. a las tres de la mañana, en miércoles, que se abrieran las puertas no era tan preocupante.
se podrá ver el reflejo en el metal?, pensaba él, mientras, la despojaba de toda ropa.
estará, muy frio, el piso? pensaba ella, mientras, recordaba que la noche anterior, le había dolido la garganta al tragar saliva.
en ella, quedaban dudas sobre qué pasaría después, cuando se accionara la puerta. al salir a la calle que es mucho más amplia que ese cubo de dos por dos. a dónde tantas frases guardadas por semanas.
no importó.
ella siempre había querido coger en un elevador. oportuno recuerdo, para un final.
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