lost and not found
en la mañana se me quedaron las llaves adentro del carro, salí del teatro y despúes de cinco minutos de tener la mano adentro del morral, hice esa cara de angustia conocida de ojalá no, mientras me asomaba por la ventana, y sí ahí estaban: imperturbables. ni me aguité, es más, mentalmente sólo añadí la tercer rayita a la lista de noviembre.
en cambio, en la tarde, si hubo congoja. perdí mi suertercito favorito. el negro, de bolsitas enfrente a la perfecta altura para que las manos quedaran sobre la pancita que me gusta tanto tocarme, con gorrito pa´l frio o lluvia, medida exacta, no arrugable. llegué a la prepa, salí del carro con la grabadora, mi mochila, una pelota, mi rebozo de rayitas (es primo hermano del de la patita del monedero) y mi suerter. cuando salí del salón ya no lo traía. y así terminó la relación de pareja ideal de la aymé y la venerada prenda.
y ahí no acaba...
el fin de semana perdí mis llaves. no en mi casa, como a diario, esta vez, hay hasta carretera de por medio. tres cerraduras, dos candados, un locker, un carro. ésta última es la que más preocupa: no tengo copia. estos días la armida me ha prestado su carro o he andado en taxi. todavía, no sé porqué, tengo la esperanza de que vuelvan. además, iba ahí también mi llavero favorito -un buho huichol , en azules y naranjas-. ya mañana, tendré que ir por el sr cerrajero y traerlo acá, para que mientras mis cuatro perros lo olfatean completo, él me haga una llave nueva.
conclusión:
por inaludibles causas, reconozco y acepto mi despistadez plena. pero también creo que es una etapa de mi proceso de aprendizaje sobre las pérdidas. -dejar ir los objetos es lo menos díficil, dice ella. hay soltares más complicados- lo veo, o quiero ver, como las últimas de una serie de pruebitas que he estado pasando en estos meses. y para la calificación, a pesar de los esfuerzos sobrehumanos, un diez no me saco, pero un ocho punto cinco, sí.
estoy aprendiendo y eso me hace feliz.
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