Vuelta a atravesar la ciudad china.
No miran esa ciudad. Cuando parece que la miran, no miran nada.
Se miran sin quererlo. Entonces bajan los ojos. Luego quedan asi viendose con los ojos cerrados, sin moverse y sin verse, como si se miraran todavía.
La niña dice: - Le deseo mucho
Él dice que ella lo sabe de ella como también lo sabe de él.
Desvian la mirada hacia afuera.
La ciudad china llega hasta ellos con el estruendo de viejos tranvias, con el ruido de las viejas guerras, de los viejos ejercitos derrengados, los tranvias van sin dejar de tocar el timbre. Hacen un ruido de matraca, como para salir huyendo. Agarrados a los tranvias hay racimos de niños de Cholen.
Marguerite Duras, cortesía del lindo rod
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