domingo, enero 04, 2004

de paso. puerto escondido. cinco pe eme.
tres horas para que el camión salga a oaxaca. seis horas de camino sinuoso esperando. chale. aquí, votamos por la línea recta. difícil, casi imposible, dice la sierra.

mañana de oaxaca, la capi, a las dos, salimos al df . llegamos en la noche, nos vamos directo al aeropuerto -entre menos df, mejor-. dormiremos ahí. volamos a tj a las seis de la mañana del seis. -jeje, la aymé entra a trabajar el cinco. es que, profe, estaba enferma, no está entre las opciones con este bronceado costeño-

- ya quiero revelar mis dos cámaras desechables que compré en el sobreruedas -

dijo la italiana: dicen que según como empiezas el primer día del año, así correrá el resto.
seguirán los viajes, then... oxalá, dice ella

el primero, a mediodia -no sin antes mar y desayuno- salimos rumbo a chacahua. considerado parque nacional. lugar donde se junta el agua de una laguna con la del mar.
mazunte-puerto escondido-río grande-zapotalito-chacahua.
el sol arriba de nosotras, quemando lo ya quemado. cansadas. las mochilas con todo lo que parecía tan útil. y si. pero el peso sobre los hombros que han estado horas bajo el sol, es horrible.
ella paciente. sabiendo que sería todo recompensado.

a chacahua sólo se llega en lancha.

la primera hora en un lugar siempre es extraña para mí. son pocos los lugares -y las personas- de los que me he enamorado instantaneamente. necesario recorrer, dar paneos de trescientossesenta, caminar -quizá- por la misma vereda más de una vez.

chacahua, lo logró. agradecimiento pleno. amores como éste, tan necesitados. tan sabidos.

tres días, parecen tan poco. a pesar de que estando ahí, el tiempo es otra cosa que no es.
una cabaña hermosa piso de arena lagartijas en el techo. la mejor imagen posible y ella en medio. salir de la cabaña, para dormir viendo las estrellas y las palmeras y la luna, arriba. y comer paletas de coco a tres pesos. y no tener dinero porque el cajero más próximo está a horas de aquí. y pasar días con lo mínimo. y saber que eso no importa. y disfrutarlo. y prender veladoras y ponerlas en la arena. y bailar y bailar en la fiesta del pueblo: radio zapote con la música más chida. y nadar en el mar más agresivo en el que he estado. y tener un miedo tan sereno como todo esto. y dejar que la corriente me arrastre y luego buscar salir aunque haya faltado el aire. y las hamacas. y ver caras conocidas. y los amigos que quizá no entiendan mis miradas perdidas y mis silencios risueños. y mi falda blanca y sentarme en la arena. y caminar por senderos que no cansan. y entender sin pensar. y saber que se aprende. y no pensar. y ser. y el faro y ver todo desde lo alto. y vender pulseras, collares o cambiarlos por agua o por comida. y vender las que traigo puestas. y dejar ir. y saber que la marea se encargará de todo lo que no se necesita. y ver que al final de este viaje no habrá lugar para faltantes.

y saber que el camino sigue. que no hay más que andarlo. y voltear hacia abajo y ver mis pies descalzos. y sonreir.

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