jueves, septiembre 30, 2004

las 8.30. las 9.11 (jeje, auxilio, en mi cabeza). las 9.48. las 10.20. y por fin me levanto de la cama. sin tiempo para una vuelta más, para la almohada en la cara pa que parezca de noche otra vez. tengo las manos frias y resecas. hoy me fui a trabajar sin bañarme en la mañana. al fin nomas son dos horas. mis chamacos a diario reivindican eso de que me gusta dar clases. las escenas más completas cada vez. más limpias. van más rápido que yo y no me queda más que pensar y pensar qué ponerlos a hacer.
no me gustan los dìas nublados. a tantos que les gustan. nel, a mi no. tampoco los suéteres. menos cuando no sè dònde están.
ayer fuimos a un lugar bien chido. por la cuota a ensenada. siempre había querido bajar aquí. la veredita y luego la playa. el ruido que hace la marea al pegar con las rocas. la marce que se sabe el camino. el rodrigo que se va, pero dice que volverá pronto. el cuyo prendiendo el encendedor a la orilla de las piedras, la guitarra y lo que se escucha entre los labios. la aisha y yo devolviendo cosas al agua.
las llaves que desaparecen. las miradas en horizontal, la sábana blanca. mi rechazo por las lámparas de techo. las plantas que se riegan. el lunar que ya no quiere estar en tu espalda. las tostadas. lo celosos que somos. la lluna llena. los ladridos de los perros cuando llego. las letras y el orden específico, para luego decirlas. las sombras. la luz de las seis de la tarde. dos baños al día. las trenzas largas. los niños y sus juegos y sus risas. la arena en los pies. el meteorito. los botones de la ropa.
los dias de la semana bailando como los últimos fideos de la sopa en el plato

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