cuando quisiera que las noches cupieran justo entre mis sábanas, deciden crecer. volverse en mis ojos abiertos, cansados de mirar. le encuentro sentido al paquete de galletas marías que llevaba más de dos semanas preguntándome turno o alacena. 10 mitades a una taza de leche. yo también me sumerjo.
llevo más de un mes con un dolor en el pecho. esta vez no le puedo hechar la culpa a las cartas que se perdieron en el camino, a la programación del radio fronterizo, a lo que digo no sentir. un desgarre real. músculo adolorido, que arde. antes sólo molestaba al estirarme, al hacer un cambre, al colgarme de la rama de un árbol no muy alto del suelo, ya no. llevo dos días con el dolor constante. tengo que ir al doctor. reconocer que yo solita no puedo curarme entera.
me gusta mucho el calor. andar descalza, la llegada de las faldas y de poca ropa, la piel morena, los baños con agua fría, la playa entre semana. y si, me quejo. del sudor, del tráfico bajo el sol, de los ventiladores insuficientes y del sudor otra vez. pero mejor no me quejo tanto y vacío el agua de jamaica tratando de atinarle a los cuadritos, los meto al congelador y espero para pintarme la boca de rojo como a eso de la madrugada.
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