estoy en calzones y con una pañoleta amarrada en la cabeza. sentada en la cama frente a el único mueblecito que he armado yo sola. tengo las piernas cruzadas, los ojos cansados, los músculos adoloridos como el viernes otorga. volteo a la ventana abierta y a su cortina recorrida y podría jurar que en el cuadro de luz de ese segundo piso de enfrente, alguien me observa. no me quiero levantar a cerrarla. mejor desconecto la lámpara de papel.
con razón el otro día que me encontré a mi vecino en el taxi, me sonreía tanto.
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