Requiero un tiempo fuera del control y de las normas que subyugue la cultura que me ha hecho.
Requiero que el movimiento del corazón sustituya el tic-tac del reloj.
Requiero una voz que se escuche allende las palabras frías de los discursos oficiales;
requiero voces negadas, no reconocidas.
Pero sobre todo requiero un gran oído humano que supla esta cibernética relación en la que nos hemos metido.
ELÌAS DEL SOL.
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